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¿Destruye empleo la Revolución Tecnológica?

Revolución Tecnológica

¿Destruye empleo la Revolución Tecnológica?

Yoel González | ago 06, 2021

Muchos están viviendo con gran preocupación la llegada de la Cuarta Revolución Industrial y sus  potenciales  efectos en  los  segmentos  más  vulnerables  de nuestra  sociedad pero, ¿están estos miedos justificados? ¿Se destruirá el mercado laboral tal y como hoy lo conocemos? ¿Destruye empleo la Revolución Tecnológica?

Para responder a estas preguntas es posible revisar el camino que nos ha llevado hasta aquí. Desde que el Homo Erectus esculpió un trozo de piedra convirtiéndolo en la primera herramienta, el bienestar de la humanidad ha ido en aumento. Nuestra historia va de la mano del cambio y de los avances tecnológicos.

Buscando en nuestro pasado más reciente, es posible encontrar buenos ejemplos de estos fenómenos en las recientes Revoluciones Industriales. Como el nombre sugiere, esta no es la primera vez que un gran salto tecnológico redefine la industria, nuestra sociedad y nuestra forma de trabajar.

Revoluciones Industriales a lo largo de la historia.

Las Revoluciones Industriales
La Primera Revolución Industrial (1760 a 1840), marcó un antes y un después en la historia de la humanidad. Con ella, se introdujo la tecnología en los procesos industriales de la época que hasta aquel entonces se habían venido realizado de manera manual. Algunos ejemplos de estas tecnologías son la máquina de hilar (1767), la máquina de vapor (1769), ferrocarril (1814), la bicicleta (1817), o la máquina de escribir (1829) entre otros.
 
 
Trabajadores en una fábrica de principios del siglo XX.

 

Por aquel entonces, el nacimiento del vehículo a motor provocó un cambio de paradigma para los empleados de carruajes, las fábricas, los chóferes, así como todo aquello relacionado con el sector de los carruajes. Desde los carpinteros que los fabricaban hasta los criadores de caballos. Todos se mostraban asustados por el nacimiento de un vehículo a motor que cumplía la misma función que sus carruajes y que, como competencia, hacía peligrar su sector. 

Lo mismo ocurrió con la electricidad. Sin embargo, si lo observamos a día de hoy, podemos ver cómo ese avance ha generado más puestos de empleo en el mundo de los que se perdieron, y ha dado lugar a nuevas profesiones y nuevas necesidades.

Cartel publicitario contra el uso de la electricidad de principios del siglo XX.

A medida que se desarrollaba cada revolución, se producían terribles predicciones de pérdidas masivas de puestos de trabajo y actividad económica que, sin embargo, aumentaban cada vez más. Las primeras tres han terminado, y ahora es posible afirmar que estas preocupaciones estaban claramente fuera de lugar. El número de puestos de trabajo aumentó significativamente después de cada una de ellas, al igual que el nivel de vida y todos los demás indicadores socioeconómicos.

Las tecnologías disruptivas como la Inteligencia Artificial, la robótica, Internet, o la impresión 3D, están transformando los sistemas sociales, económicos y políticos de manera impredecible. La tecnología en sí es difícil de cuantificar, porque su tasa de crecimiento puede ser exponencial, o incluso factorial. Es esta imprevisibilidad lo que dificulta las evaluaciones de impacto. Difícil, pero no imposible.

Para empezar, sabemos que muchos trabajos repetitivos y poco cualificados se están automatizando, comenzando en países con salarios altos, pero extendiéndose rápidamente a los países en vías de desarrollo. Y tampoco todos los trabajos altamente calificados son inmunes.

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Sin embargo, de acuerdo con la OCDE, tan solo el 14% del empleo en el mundo corre el riesgo de ser automatizable en los próximos años. Además, otro 32% de ese empleo podría ser susceptible a cambios en el modelo de negocio con la automatización, integrando aspectos robotizados en los hábitos del mismo. Es decir, un 46% de la mitad del empleo en el planeta. Además, dicho organismo, califica esta situación de forma muy optimista, ya que, como se ha dicho en numerosas ocasiones, la automatización trae consigo la creación de nuevos puestos de empleo que, hasta ahora, desconocemos.

Pero ¿hay límites? Para responder a esta pregunta primero debemos comprender cómo se está transformando el trabajo, especialmente en las cadenas de valor globales. Los trabajos ahora consisten en conjuntos de tareas, que en muchos casos no son en su totalidad técnica y económicamente viables de automatizar. Es más, cuando los trabajadores ven automatizada alguna de sus tareas, estas suelen ser las más repetitivas y monótonas, permitiendo al trabajador dedicar su tiempo a tareas más estimulantes y de un mayor valor económico.

Posible puesto de trabajo robotizado.

El debate también tiende a centrarse erróneamente en los empleos brutos en lugar de en los netos, siendo la cifra neta lo que importa en este debate. Es cierto que en algunos nichos los trabajos pueden disminuir, y que incluso con el tiempo, algunos sectores pueden llegar a desaparecer, como es el caso de los conductores de carros de caballos hoy en día, pero no debemos de olvidar que la variación neta de trabajos es positiva. Nuevos trabajos, industrias y tecnologías que en algunos casos aún no podemos imaginar, volverán a surgir como ha ocurrido en el pasado. Quizás los carros de caballos ya no estén, pero la industria del transporte es hoy en día vital para la economía global y emplea directa e indirectamente a millones de personas en todo el mundo.

Además, una mayor automatización de los procesos de producción requerirá una mayor supervisión y control de calidad. Se requerirá que los seres humanos lleven a cabo esta función. El enfoque bruto ignora los trabajos más cualificados creados directamente como resultado de una mayor automatización.

También habrá efectos interindustriales. Los aumentos de productividad de la nueva tecnología en una industria pueden reducir los costes de producción en otras a través de las sinergias existentes entre ambas, contribuyendo a aumentar la demanda y el empleo en toda la industria. Una mayor demanda y producción en una industria aumenta la demanda de otras industrias, y así se realimenta el ciclo.
 
¿Por qué, entonces, el pesimismo generalizado sobre el empleo?
Puede que sea más fácil ver cómo se pueden perder alguno de los trabajos existentes a corto plazo debido a la automatización, que imaginar cómo pueden surgir nuevos trabajos y nuevas industrias en el futuro. Es difícil pensar en el medio o largo plazo cuando se teme por el puesto de trabajo hoy. Más vale malo conocido que bueno por conocer.
 
¿Cómo puedo proteger mi trabajo?
Si algo ha demostrado el proceso de industrialización es que requiere de mano de obra cualificada y con un nuevo conjunto de habilidades laborales. Por ello, una buena manera de protegerse ante la incertidumbre es mejorar o ampliar el conjunto personal de capacidades y reciclar conocimientos. En un mercado laboral cada vez más cambiante, es necesario que los trabajadores hagan un esfuerzo adicional para poder desempeñar trabajos más cualificados sin temer por un reemplazo tecnológico.
 
En resumen, la cuarta Revolución Industrial ha traído bajo el brazo el miedo por el futuro y por la pérdida de trabajos, pero la historia ha probado una y otra vez que este miedo no está justificado. La pregunta es: ¿Estás preparado para adaptarte y aprovechar esta revolución?

 

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